Crítica de "Azul" | Kieslowski

FICHA TÉCNICA:
Año: 1993
Duración: 98 min.
País: Polonia
Director: Krzysztof Kieslowski
Guión: Krzysztof Piesiewicz & Krzysztof Kieslowski
Música: Zbigniew Preisner
Fotografía: Slawomir Idziak
Reparto: Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence P. Pernel, Charlotte Vêry, Hélène Vincent, Philippe Volter, Claude Duneton, Emmanuelle Riva

COMENTARIO:
Azul es un drama que busca reflejar el cambio repentino de la vida de una mujer que pierde, en un accidente de tránsito, a su esposo, un reconocido compositor musical y a su única hija, una niña aún muy pequeña. Ante tal frustración decide acabar con su vida, sin llegar a concretar dicha acción.

Hasta aquel momento la historia no trasciende en cuanto al argumento; pero el director, Krzysztof Kieslowski, matiza la trama al mostrar a la protagonista, Julie, como una mujer que no se pasa la vida llorando por sus muertos, sino que intenta seguir su vida, aunque “haciendo” nada. De manera fría decide planificar el futuro propio y de los personajes periféricos a ella, decide vender todo. Sin embargo, conserva algo que al parecer es muy importante: una especie de araña azul.

Aquel azul es como la franja central en la bandera de Francia, a la cual se hace alusión a través de esta trilogía (rojo, azul y blanco) creada por el director y el color que representa a la libertad es precisamente este. Mas la libertad que ella obtuvo fue a costa de muchísimo dolor. Por otro lado, la fotografía de la película también pertenece a la gama de los azules, con lo cual se pretende crear cierto ambiente tétrico o por lo menos oscuro y triste para crear unidad entre la vida de Julie y la película.

Por otro lado, se destaca la parte más humana gracias a la cual se percibe que la protagonista también es capaz de amar a otra persona y desfogar toda su pasión reprimida con otro hombre, uno que la amó desde siempre y que a pesar de todo respetó su condición. Así es como este personaje interesante, Oliver, representa aquella vía de escape para la viuda y para nosotros, remembra aquella persona u objeto al que recurrimos cuando llegamos al hartazgo de lo cotidiano y pretendemos cambiar todo olvidándonos del pasado.

La película cada vez se muestra más dinámica, pues la cámara generalmente está en movimiento, sobre todo para seguir a Julie y a su activa personalidad. Muchas veces las tomas de espalda, a ella, en vez de desconcertar al espectador le dice mucho más que cuando mira a la cámara y no habla. Pues se puede entender que está pensando y recordando hechos del pasado; de ese modo el director le permite a la audiencia tomar una actitud mucho más participativa.

Es interesante cuando en la edición del film se decide hacer ciertos cortes inesperados que se convierten en pausas prolongadas en las que se disuelven las imágenes hasta lograr la oscuridad perfecta, acompañada de una buena banda sonora que provoca la sensación de intriga en el espectador. Asimismo, otro de los elementos que se repiten constantemente es el de la piscina de tonalidad azul en la cual ella se siente libre y totalmente relajada, es el lugar donde se refugia para sentirse mejor.

El tema de las partituras encontradas y presentadas en la televisión es un elemento clave que revitaliza la película; pues se empieza a desarrollar un tema poco tocado, si era verdaderamente ella la que componía las piezas o no. Otro de los elementos que le da movilidad es el embarazo de la amante del músico que en vez de provocar odio genera compasión que desemboca en el apoyo de Julie. Es algo complejo y poco común, pero dice mucho de la personalidad moralista que pretendió desarrollar el director en el personaje principal,
Finalmente, la película nos vuelve a marcar el tema de la humanidad de Julie, quien decide unirse a Oliver. El manejo de la contraluz, usado hasta el final, es impresionante, se asemejan, en ciertas partes, a los cuadros que Rembrandt regaló a la cultura mundial. Rostros que en la mirada dicen todo su guión sin hablar. Aparecen imágenes editadas de ella, de la amante, de la madre y del joven, una mezcla de escenas grabadas en planos cerrados que delimitan el fin del film de Kieslowski.

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